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Desde hace unos años, Bruno Dubner trabaja sobre un
eje conceptual definido de manera precisa. Si la fotografía
se ocupa habitualmente de registrar la imagen de elementos,
situaciones o personas el referente a través
de la luz que reflejan sobre el material sensible, Dubner
se encarga, a través de sus imágenes, de fotografiar
la luz. "Me interesa la luz, no el referente que ella
hace visible. Mi trabajo es justamente explorar y volver explícita
la cuestión de que la fotografía es luz y oscuridad",
dice el autor.
Y es aquí donde aparece, como en Tanizaki aunque por
otras motivaciones, el elogio de la sombra. En esta serie
impera la oscuridad. Sobre el negro de las imágenes,
profundo y uniforme, aparecen zonas iluminadas de forma tan
tenue como la de una pared, rozada por la luz de la luna llena
que entra por una ventana. Otras se definen por el trazo blanco,
de nitidez filosa, del contorno de una puerta cerrada que
deja filtrar la iluminación del cuarto contiguo. O
por luces de diferentes intensidades y formas, con tonos de
color, que se funden sutilmente en las sombras.
Dubner plantea, con estas imágenes, una reflexión
sobre el acto fotográfico esencial: la fotografía
se hace posible con la sola presencia de la huella, indudablemente
producto de la incidencia de la luz sobre la película
aunque no reconocible como objeto. Pero las imágenes
no sólo desarrollan el planteo conceptual, sino que
también forman una serie que atrapa y provoca por su
belleza simple y enigmática.
Juan Travnik
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