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"La obra de Arturo Aguiar propone un intento de evadir
los usos más comunes de la
fotografía... para establecer una fuerte aproximación
a una forma de crear imágenes más
cercanas al campo de la pintura.
Precisamente como un pintor sobre la tela -en este caso,
la película- el autor construye la
imagen utilizando recursos técnicos que le permiten
iluminar por sectores lo que fotografía.
Su intervención es directa, con una fuente de luz que
ilumina pequeñas zonas y mantiene en
penumbra lo que desea... Es con esa actitud de intervención
gestual, pintando con la luz,
que se desplaza de las propuestas más transitadas por
la fotografía...
El autor cumple, de manera cuidada y coherente, con su programa
de acción. El denso
misterio que emerge de la particular distribución de
luces y sombras induce a comparar sus
imágenes con las de la pintura barroca. Paradójicamente,
el medio que utiliza, la fotografía, es una herramienta
propia de la modernidad y la actitud experimental del autor
se vincula con la libertad provocadora heredada de las vanguardias
artísticas de comienzos del siglo XX, al poner en juego
el azar y la intuición".
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