La obra que aquí presentamos
de Nuna Mangiante hace gala de un importante ejercicio proyectual
para la conformación de la obra fotográfica. Desde
la decisión del grupo de objetos y el modo de representación
hasta la forma de copia que haga justicia a la operación
posterior, irreversible (incorregible), del grafitado, todo
da cuenta de un proyecto acabado, preciso.
Partiendo del relevamiento de piezas de cierto valor para
una determinada rama del coleccionismo, fotografiadas como
para su catalogación, Nuna trabaja la imagen del objeto
cubriéndola cuidadosamente con grafito, reuniendo en
su obra un espectro de operaciones del universo fotográfico
actual, al manipular la iluminación en una foto resuelta
por un técnico, de la que luego seleccionará
el objeto para sumergirlo en un fondo digital que responda,
a partir de la elaboración de un delicado degradé
neutro, acromático, al contraste necesario para que
la figura, una vez cubierta con el grafito, juegue con ese
fondo, moviéndose, emergiendo y aplastándose
contra él.
De este modo se aparece ante el espectador como un teatro
de sombras chinescas que nos cuenta historias de los hombres
a través de la sombra de los objetos.
Y lo que vemos en definitiva es una cuidadosa operación
sobre el concepto de "contraste" ya que opera tanto
en la confrontación del tratamiento del espacio sobre
el cual se suspende la imagen plana la sombra-, obtenida
por el grafitado del objeto, como en la precisa definición
de los valores tonales del fondo para que ejerzan un adecuado
contraste con la particular manera de iluminar el objeto,
que por momentos actúa como imagen positiva y otras
negativa del mismo, como si de cierto ejercicio gestaltico
se tratara.
Esta operación le confiere un "otro" sentido
a la imagen, ya que, si bien no dejamos de reconocer los rasgos
del objeto, su imagen no es negada como tal, y expande el
concepto de contraste a un modelo comparativo operable entre
distintos momentos, a lo largo de toda la historia de la obra
y del objeto- , y que señala una fuerte impronta
sensorial: La imagen fotográfica estabilizada por medio
de los procesos químicos, y el grafito sin fijar, volátil,
con la posibilidad de retirarlo al tacto; el contraste entre
la delicada textura del objeto, que se imagina bajo la gruesa
pasada del grafito; el contraste entre los lustres y brillos
naturales de los objetos y el acerado brillo del grafito;
entre la sensación de espacio generada digitalmente
o por medio de la iluminación y la plana imagen del
objeto obtenida mediante el grafitado, incluso el contraste
entre el acabado del papel fotográfico, papel de carácter,
satinado, con una levísima textura, resbaladizo, inadecuado
para estas operaciones, y la operación misma.
Y del mismo modo, la obra opera en un plano de contraste
entre los procesos: la imagen técnica que da origen
al soporte de la obra de Nuna, proveniente de los campos de
acción de la fotografía y los medios digitales,
y el acto plástico, donde claramente aparece el rastro
de impronta manual, la huella de su mano, con todas las características
propias del dibujo. De esta manera, la operación del
grafitado traslada el concepto de "copia original"
de la Fotografía hacia el de "original" de
la obra única, irreproducible, operación que
confronta una vez más la relación entre las
obras y sus procesos de reproducción, y que movilizó
a la mayoría de los artistas a lo largo del siglo XX,
empujándolos al medio fotográfico y permitiendo
su tan mentada expansión de la que aún seguimos
siendo testigos a través de estas obras.
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