Adiós Ricardo. Arquitecto y fundador de la carrera de Diseño Industrial FADU

  11/09/2017 

Luego de tantos años donde su presencia era tan familiar como apreciada, sus colegas arquitectos, diseñadores, docentes y sus discípulos de la FADU-UBA no podemos despedir hoy a Ricardo Blanco, sin conmovernos. 

Destacado en su carrera profesional y docente y distinguido con premios por su creatividad y dedicación; autor de textos y artículos de referencia en nuestro país y en el exterior,  miembro de número de la Academia de Bellas Artes, Doctor de la UBA en el Área de Diseño Industrial; Profesor Emérito de la FADU-UBA y  creador de carreras de posgrado - entre tantos otros emprendimientos y logros-, Ricardo Blanco ha ocupado desde hace décadas, un merecido lugar preferencial en esta casa.  Y así será siempre.


Maestro de maestros, estar al lado de Ricardo significó mucho para todos los que formamos parte de su cátedra en la FADU, en lo personal el maestro fue, es y será un ejemplo eterno de compromiso y amor al diseño y a la docencia, hablar con él siempre daba esa sensación de transportarse a otra dimensión, a través de sus reflexiones, de sus frases tajantes y cuándo no, de sus anécdotas inigualables. 
Tu magia seguirá en todos los que aprendimos de tu conocimiento, humildad y pasión por todo lo que infinitamente proyectabas. Estoy seguro que esa será la mas grande de sus obras.

Guillermo Napolitano, docente de Diseño Industrial, cátedra Blanco.


Ha partido un entusiasta del equipamiento con el mobiliario urbano en ambos extremos =

a) el nido humano = la célula de vivienda

b) el nicho ambiental= la trama urbana

c) equipo y antropometría = mobiliario de dominio personal

Recuerdo su paso por Stilka Buró. Luego Stilka donde compartimos espacio de diseñar con  la Arq. Tetela Castro, la Arq. Rubi Muchnik, el sillón NIDO del Arq. Alfredo Israel González, el sillón Madrid del Arq. Gucho Baliero, los line-out del Arq. Ricardo Czapla, mis aportes al equipo  de diseño para el crucero Tritone, con la magna gráfica Dr. Ronald y Raúl Shakespeare… y la magna SILLA APILABLE DEL MAESTRO RICARDO BLANCO... que iba dando una cuádruple hélice al quedar estibadas convirtiéndose en bellas pilas de "escultórica plasticidad temporal"... un grande... un conocedor del impacto del diseño en los aspectos antes mencionados sobre las tipologías habitables de las personas y su necesario confort.

Un grande, y un ser con alta humildad, dejando una estelaridad de usuarios "contentos en su propio desenvolvimiento". El territorio de los diseñadores de mobiliario siente la gran pérdida del Dr. Arq. Don Ricardo BLANCO.

Abel Jorge Tagliaferro Ramponi
Arquitecto SAZN


Todo lo que pueda decir de Ricardo Blanco tiene sin duda un carácter totalmente subjetivo y parcial. Y esto es así porque mucho de lo que se y hago en mi propia producción cuenta con su influencia de modo directo o indirecto.

En ningún caso podré opinar sobre el con objetividad, porque ya sea como docente o como profesional, siempre estará involucrado en lo que diga y haga.

Sin duda en mis conceptos de diseño esta presente por coincidencia o por oposición, que es también una manera de referenciarse. No solo generó influencia en los contenidos, al mismo tiempo generó conducta en la metodología reflexiva y en el modo de comunicar el diseño.

Como a mi y a muchos, nos contagió de fanatismo y nos contaminó de diseño; “fanatismo y contaminación” que ya hemos propagado a tres generaciones.

Este es el verdadero logro de Ricardo, el diseño vivo en miles de estudiantes, profesionales y cientos de docentes, potenciándose en una trama de universidades, instituciones y estudios. Mutando infinitamente, fuera de la posibilidad de control, en estos escenarios cambiantes que el diseño nos ofrece.

Injusto hubiese sido que este, mi relato, solo mencionara una larga lista de sus intervenciones en el ámbito educativo y profesional del diseño, que por mas que sea muy basto y detallado, tendría la limitación y la mezquindad de lo ya hecho en un pasado estático.

Por eso quise destacar lo vivo, lo dinámico, lo creciente y lo generoso que el futuro brinda.

El acercamiento de las personas son como una “v”, de vida o de vibrante, que comienza en el extremo superior , donde los puntos son mas distantes y se van acercando hacia su base, pero nunca se tocan, siempre habrá algo mas para estrechar. En ese acercamiento repleto de imágenes, se suman docente-alumno , docente-docente, profesional-discípulo, profesional-profesional, amigo-amigo, pero por siempre... profesor-alumno.

Prólogo de Eduardo Naso para el libro: “Ricardo Blanco Diseñador”


No esperábamos este revés tan duro, nos cuesta aceptarlo, no entendemos porqué suceden estas cosas, pero es así, no queda más que aceptar que la eternidad solo puede quedar en el recuerdo y en un legado valioso y ejemplificador, se nos fue un maestro, un amigo, un colega, se nos fue Ricardo Blanco, todo lo que se pueda decir acerca de él y su obra, no ha de ser suficiente para abarcarlos. De una personalidad avasalladora, un motivador, visionario, siempre desafiante en toda su trayectoria, la realidad era para él algo ya instalado y conocido, pero había que indagar otros caminos alternativos, donde estaba esa belleza que tanto lo obsesionaba como el componente necesario para concretar cada proyecto, desde el más sintético al más complejo, y ni qué hablar de su destacada generosidad hacia todos, los más cercanos y los lejanos, con su naturalidad habitual aconsejaba, orientaba, habría puertas y sugería rumbos a quien lo necesitara.

Fue sin dudarlo la memoria viva del diseño de todos los tiempos, plena de anécdotas y hechos relevantes, desde las vividas con los grandes del diseño de todo el planeta y los tiempos, hasta las de sus estudiantes iniciales, de sus amigos y colegas, de sus observaciones de la naturaleza y la realidad cotidiana, en todas ellas había una reflexión enlazada al diseño y el proyecto, y las oíamos y atendíamos con expectante devoción.

Portador de un bagaje cultural inédito, conocedor del campo de las artes, de la filosofía, la literatura, el cine, instalando en cada uno de estos espacios su mirada vinculante con el diseño, su paso por la Academia Nacional de Bellas Artes, que presidió durante dos períodos, enriqueció y amplió la mirada con la incorporación del diseño, lo mismo logró con el Fondo Nacional de las Artes, y así se pueden enumerar todas las acciones en los diferentes ámbitos en que participó, colocando a la disciplina del diseño en el merecido podio, que no fue reconocido hasta entonces.

En su trayectoria académica, se puede decir que actualmente no hay escuela de diseño en nuestro país que no haya incorporado, total o parcialmente,  su influyente modelo pedagógico, claro, profundo, específico y de un pragmatismo de asimilación inmediata. Ha formado profesionales, que formaron profesionales y que seguirán formándolos, sin imponer líneas, formatos o modelos, con una sola expectativa, la de un diseñador responsable, reflexivo, conocedor y apasionado, solo así concebía la profesión.

Deja una inmensa antorcha que la comunidad toda del diseño deberá mantener en alto y ardiente.

Gracias Maestro, no serás olvidado jamás!

Eduardo Simonetti


El aleph del diseño

Tarde calurosa de verano. Después de comer un asado debajo de los eucaliptos de la quinta en Villa Elisa, cerca de La Plata, los niños corren alborotando a Blas, el perro de la familia. La nutrida sobremesa se extiende con cierta laxa intrascendencia hasta que algo que algo, cualquier cosa, gatilla el recuerdo. Ricardo Blanco levanta levemente el tono de voz. El resto de los comensales va haciendo silencio orgánicamente. El interés diluido en múltiples charlas se concentra en un punto. Y entonces Ricardo cuenta. Cuenta las ideas detrás de su nueva silla, que yace maltrecha sobre el pasto. Cuenta como Ettore Sotsass creía que las realizaciones personales deben ser motivo de interés social. Cuenta, sermoneando irónicamente a una arquitecta amiga, cuales son los múltiples tipos de simetría. Cuenta, como si fuera un jóven tecnofilo, un nuevo ejercicio para la facultad que incorpora la impresión 3D en sus objetivos pedagógicos. Cuenta, benevolente, como Karim Rashid copió su sillón Skell. Cuenta, sumando datos inéditos, una historia poco conocida detrás del BKF. Cuenta, apelando a la maledicencia, las historias non sanctas de algún diseñador canonizado, exponiendo al sol de enero sus trapos sucios. Cuenta la dificultad de un ingeniero para dar una respuesta alternativa a una solución planteada. Cuenta sus charlas con Andrea Branzi, y con muchos otros referentes que transitan por sus historias. Cuenta, y lanza frases que son axiomas: “El Diseño es el Arte de transformar un objeto útil en una cosa bella”, o “El diseño es hacer hacer”, por citar dos de mis favoritas. Ricardo cuenta y la tarde se extiende, morosa e infinita, siguiendo el ritmo de sus palabras.

Es esa la manera en que el tiempo transcurre con Blanco. Estoy convencido que esa proverbial tarde debería ser registrada, para transformar sus palabras en una enciclopedia de diseño. En “El Aleph”, Borges (con quién Ricardo tiene, por supuesto, una anécdota personal) describe un punto que contiene al universo entero. Supongo que el Aleph que Blanco generosamente nos deja vislumbrar en esas tardes de verano es más acotado, pero no por ello menos interesante. Contiene al universo del diseño, universo al que le ha dedicado su pasión y que, como buen diseñador, ha contribuido a modelar.

Pablo Bianchi


Estimados todos,

Es una muy triste noticia.

De diferentes maneras todos los que fuimos alumnos, colegas y amigos de Ricardo crecimos con él.
Sea en las discusiones donde uno aprendía en el intercambio o hasta también confrontándolo... en las clases o simplemente viéndolo y escuchándolo.

Era un fenómeno del apasionamiento por lo que hacía.
Por eso, a partir de ahora, tomo la responsabilidad de hacer lo que él ya no puede hacer y me comprometo a intentar continuar con lo que nos dejó, pasión por la profesión, por los objetos, por la belleza, por la docencia.

Un día triste que no me impide recordarlo con una sonrisa.
Gracias Ricardo.

D.I. Cristián Bertschi


A RICARDO BLANCO

Hace poco tiempo, precisamente el 6 de julio de este año, tuve la posibilidad gracias a su generoso ofrecimiento de presentar en el Museo Nacional de Bellas Artes, el que fuera el último libro de Ricardo Blanco.

Dentro del dolor difícil de sublimar, esa situación se me asemeja a un bálsamo. La presentación de un libro es una de las pocas circunstancias apropiadas para expresar públicamente el afecto y la admiración hacia quien es próximo y, que por esas cosas del pudor, uno no suele decirle.

No tengo notas y apenas recuerdos de aquello que dije, como si la conmoción reciente interpusiera una nube ante ese recuerdo. Sin embargo algo me queda. Me queda el compartir ese espacio y esa mesa ante la presencia entusiasmada y casi embelesada de familiares, discípulos y algunos compañeros de ruta.

Recuerdo, entre lo poco que la emoción y la congoja me deja recordar, que empecé diciendo que Ricardo Blanco es asombroso. Estoy seguro que es asombroso por muchos motivos. Es asombroso que alguien hubiera desarrollado con tanta persistencia y con tanta frescura la práctica del Diseño Industrial, es asombroso que por esa increíble frescura bien se podía calificar a Ricardo como el Diseñador más joven. Es asombroso que una persona, una única persona, pudiera ser quien generara y consolidara la carrera académica del Diseño Industrial en toda la extensión del país.

Es asombroso que alguien se tomara tan en serio y a la vez tan alegre y osadamente el Diseño. También que asociara tan bien y tan naturalmente las dimensiones técnicas y estéticas del Diseño, como así debe ser. Pero es más asombroso que alcanzara la presidencia de la Academia Nacional de Bellas Artes precisamente desde el Diseño, desde lo que en el panteón de la Bellas Artes estaba situado al fondo a la izquierda.

Una biografía detallada de Ricardo Blanco es una tarea insoslayable que deberá realizar alguno de sus discípulos o de los discípulos de sus discípulos. No será tarea fácil porque se trata de alguien multidimensional. De alguien que siendo Profesor del más alto reconocimiento, se convierte en estudiante para alcanzar el Doctorado en nuestra Facultad, de alguien que después integra la comisión que lo conduce, que se movió como nadie en el grado durante muchos años, y más tarde crea un posgrado.

Nada le alcanza, nada lo arredra, está siempre cómodo, tanto en la profesión como el dirección de tesis doctorales, en la generación de productos como en la escritura de libros, en San Telmo como en Milán.

Hicimos muchas cosas juntos, no siempre pensamos lo mismo, por suerte no somos idénticos, no somos calcos, me ilusiono en que en muchos aspectos somos complementarios. Mi afecto, mi respeto y mi admiración no son revocables.

Ricardo Doberti


Todo miembro de nuestra comunidad que quiera dedicar unas palabras y así recordar a Ricardo Blanco puede enviar un mail a comunicacion@fadu.uba.ar

 

 

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